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Las Imagenes
La Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén creada para la atención a los peregrinos, que llegaban a los Santos Lugares, sin ningún tipo de protección física ni espiritual, fue fundada por Gerardo de Tunc junto con algunos piadosos caballeros y comerciantes, de Francia unos y de Italia los otros. Situaron en Jerusalén, cerca de la Basílica del Santo Sepulcro el primer hospital de la Orden.
La palabra hospital no tenía en la antigüedad el significado actual, sino que englobaba en ella los cuidados hacia todos aquellos que precisaban auxilio por razón de edad, fragilidad física, enfermedad, abandono espiritual o del cuerpo y soledad, estando exentos los mendigos (capaces de subsistir con la mendicidad). Entre sus deberes primordiales se contaba el dar cristiana sepultura: a los que morían en el albergue, a los que caían muertos en la calle sin que nadie se encargara de ellos y a los presos o ajusticiados.
La mayor parte de las veces, para esta triste obligación, levantaban una pequeña capillita en el exterior, dedicada a una advocación que moviera a los transeúntes a dar culto o piadosa compañía o dádivas para que fuera efectuado el entierro. El cuidado de esta capilla, sostenida por variados beneficiados generosos, era llevado a cabo por fieles que con el tiempo formaban una cofradía.
La Iglesia de San Juan del Hospital de Valencia, fundada por los caballeros de la orden hospitalaria, tras la reconquista de esta ciudad por el Rey D.Jaime I, quien les donó los terrenos y edificaciones de Azach Abunbedel en agradecimiento a los servicios prestados, formaba parte de todo un Complejo Hospitalario que se componía de una iglesia reducida, enfermería, zona conventual y cementerio unido por patios y pasadizos cubiertos, en uno de los cuales se hallaba una pequeña capilla con una “tosca y desgarradora” imagen: la del Cristo de las Penas.
En lo que debió ser la parte más primitiva de la iglesia sanjuanista, al nordeste, había un pasillo, conocido hasta época reciente como el “tránsito de las capillitas”; allí, en la primera capilla de la derecha, entrando por la calle del Trinquete de los Caballeros, estaba situada la Imagen de un Cristo...” muy venerada y a la que acudían, en demanda de ayuda, mujeres afligidas”, comentan los historiadores. Originó una de las primeras cofradías en Valencia, cuya misión era cuidar de los presos de la cárcel y por gracia especial concedida a la Imagen, el indulto de uno de ellos el día de Jueves Santo.
Un dato curioso y entrañable consta en los archivos. El año 1555, el 10 de Septiembre, siendo Arzobispo Santo Tomás de Villanueva, el clavario mayor, D. Antonio Salvador que cuidaba de los “presos miserables” de la cárcel, firmaba un recibo que dice así: “Yo Antoni Salvador clavari de les Sacratissimes Penes de Nostre Senyor Deu otorgue aver rebut Quatre liures y mija y son de caritat que doná lo Reverendissim Arquebisbe pera pa y carn als presos pobres de la presó...”
El Cristo de las Penas salía en procesión el Jueves Santo; desde su recinto se dirigía hacia la entrada norte del templo y lo atravesaba de puerta a puerta románica, saliendo al Patio de la zona sur y desfilando por un callejón, al que dio su nombre, y que desembocaba en la calle del Mar.
Se encuentra documentación sobre la Cofradía del año 1546, en el cual el Maestro Fr.Juan Micó predicó un sermón el tercer domingo después de Pascua, día de fiesta y confraternidad entre los cofrades del Cristo de las Penas y la Orden de Calatrava.
Indudablemente sin embargo, podemos aventurar su relación más antigua con los reos y condenados a muerte a través de documentos indirectos, (S:XV), como son los pertenecientes a la Cofradía de Nuestra Señora de los Desamparados y en los cuales podemos leer lo siguiente: “el día de San Matías se obtuvo de la autoridad civil la oportuna licencia para traer a la capital y dar sepultura en el cementerio de San Juan... los restos de los ajusticiados en las horcas de Carraixet”. Lo cual hace suponer que ya se había organizado una asociación para estos menesteres que en un principio atendía la Orden sanjuanista.
La cofradía debió ser transformada al cerrar el hospital, pero el culto al Cristo se mantuvo. Según consta en el “Notal valenciano” de D. Luís Cebrián Mezquita “... la capillita siguió abierta a la devoción, hasta los últimos tiempos.”
En el año 1829, era profanada la capilla por haber tenido lugar en ella una riña entre dos jóvenes, en la cual uno de ellos resultó herido. Hubo que proceder a “reconciliarla”, según se lee en el Libro de Acuerdos, y lo llevó a cabo el teniente de prior Centelles, el día 22 de Enero, con la asistencia general del clero sanjuanista, del comendador y los cofrades.
A partir de la Desamortización, la iglesia dejó de pertenecer a la Orden de San Juan (de Malta) y pasó a ser parroquia; trasladada en 1905 a la zona del ensanche urbano, a un templo de nueva construcción de estilo neogótico situado en la calle de Isabel la Católica, con el nombre de San Juan Bautista y San Vicente Ferrer.
Los retablos, ornamentos sagrados, el archivo y por supuesto las imágenes fueron llevados al nuevo edificio. El Cristo de las Penas colocado en el presbiterio, con toda la veneración que se le debía por sus muchos dones y privilegios. De allí desaparecería durante los años 36 al 39.
Como final y remarcando la importancia de la existencia de esta antiquísima Cofradía, acogida a la advocación de Cristo sufriente, se transcribe el siguiente párrafo: “Llena está siempre esta capillita de devotos y ofrendas, revestida de gran número de promesas y objetos de cera, ello tan sólo justifica la costumbre de tener abierto todo el día este eremitorio”.